¡Olvídate de la cuna!

¡Olvídate de la cama con barrotes que no permite que tu hijo sea independiente!

Llega un momento en que el niño ya es capaz de moverse por sí mismo, ya camina sin ayuda del adulto y sigue en el proceso de construir su autonomía.

Es en este momento en que debemos olvidarnos de las costumbres de sueño que tenemos arraigadas desde hace algunos años. Es importante olvidarnos de la cama con barrotes a una altura que no permite que nuestro pequeño pueda levantarse y caminar por sí solo.

María Montessori nos dice: “Uno de los primeros elementos necesarios a la vida psíquica del niño, ha de ser la reforma de su cama y de las costumbres relativas al largo sueño impuesto, contra las leyes de la naturaleza. El niño ha de tener el derecho de dormir cuando tiene sueño, de despertar cuando ha terminado su sueño y de levantarse cuando le apetezca”. (Montessori, María. El niño secreto de la infancia. Araluce 1937)

En esta cita, Montessori se refiere a la importancia de respetar la autonomía que están adquiriendo nuestros hijos.

Te recomendamos sustituir la clásica cama para niños por un colchón muy bajo, sin barandillas para que el niño pueda entrar y salir a voluntad. Este sencillo lecho, situado casi a nivel de suelo, facilita la vida psíquica de tu hijo; puede despertar por la mañana, levantándose espontáneamente sin necesidad de despertarte para que lo bajes de su cama.

Ésta, es una forma más de preparar un ambiente adecuado para tu hijo(a).

En nuestra Comunidad Infantil, apoyamos a la independencia de tu hijo, incluso a la hora de su siesta. Visítanos.

La importancia del movimiento

En su libro “El niño. El secreto de la infancia” María Montessori dice: “Renunciar a sus propias necesidades, y adaptarse a las del ser, en vías de formación, es la línea de conducta que debe seguir el adulto consciente”.

Cuando nos detenemos a observar por un momento, nos damos cuenta que sin intención alguna, cometemos algunos errores como adultos al no poner atención a las necesidades específicas de nuestros niños. Un ejemplo muy común es la necesidad fundamental de movimiento en el niño. Tomemos como ejemplo una caminata. Como adultos, caminamos para alcanzar una meta y vamos directo hacia ella, siguiendo un ritmo establecido que desarrollamos mecánicamente. Para el niño caminar tiene un significado completamente distinto. El niño camina para desarrollar sus propias funciones, tiene una finalidad creadora que cumplir. “Es lento, todavía no ha establecido el ritmo, ni tiene finalidad alguna; las cosas que le rodean le atraen. El auxilio que debería procurarle el adulto sería el de renunciar a su ritmo propio, a sus finalidades. (Montessori, María. El niño El secreto de la Infancia. Araluce 1937)

El niño tiene que perfeccionar su marcha caminando. Para ilustrar este texto, imagina una caminata con tu hijo. Toma el tiempo de observar qué hace, qué le interesa. Ten la paciencia para ir a su ritmo. Tu hijo, de año y medio o dos años, tiene la capacidad de recorrer algunos kilómetros caminando, simplemente recuerda que su interés no es llegar al fin del camino, si no el camino en sí. Seguramente se detendrá a ver a las hormigas, a los árboles, los autos o cualquier objeto que pueda llamar su atención.

Disfruta los paseos con tu hijo. Estamos seguros que si ves las caminatas desde este punto de vista, saldrás mucho más seguido con tu pequeño dándole la importancia que se merece a cada paso dado.

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Desarrollando el potencial de tus hijos.