La Televisión y los Niños

Si bien es cierto que en la actualidad, la televisión es parte de nuestras vidas, es importante establecer ciertos controles y medidas con nuestros hijos acerca de los horarios y el contenido de los programas.

De acuerdo con el autor de “How to Raise an Amazing Child”, Tim Seldin,  los valores y conocimiento de los niños estaban basados tradicionalmente en cuatro factores fundamentales: la casa, la escuela, la religión y el grupo de amigos. Hoy en día la televisión representa un quinto factor muy poderoso en la cultura y sobre el cual tenemos muy poco control. En algunos casos, desgraciadamente, la televisión se ha convertido en la niñera perfecta.

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Existen varios problemas relacionados con la televisión poco controlada y los niños. La violencia que hoy se ve, incluso en caricaturas, es preocupante. En un año un niño puede observar miles de asesinatos, peleas, accidentes automovilístios y explosiones de todo tipo.

Otro gran problema con respecto a la televisión es su poder hipnótico. Los niños pueden sentarse por horas a ver televisión y parecen estar en trance. El ver televisión es una esperiencia pasiva, no requiere imaginación, esfuerzo o raciocinio.

El cerebro y la televisión

En su artículo “TV y salud. Por una infancia en libertad”, Sara Vaquero comenta sobre algunos estudios realizados por Herbert Krugman quien observando el encefalograma de los televidentes, constató que en 30 minutos se pasaban de ondas beta (que indican un estado de alerta y atención consciente) a ondas alfa (que indican falta de atención receptiva).

Se hizo otro experimento con 10 niños viendo su programa televisivo favorito. Se formuló previamente la hipótesis de que como los niños estaban interesados, los dibujos de las ondas cerebrales alternarían entre las ondas beta y las alfa. Sin embargo, no lo hicieron. Los niños se hundieron en las butacas y estuvieron casi todo el rato en alfa. Esto significa que mientras estaban viendo la televisión, ni reaccionaban, ni se orientaban ni enfocaban; sencillamente estaban “alelados”. Una explicación de este fenómeno es que la televisión cierra la parte izquierda del cerebro, que se enarga de la lógica secuencial, las palabras, el análisis y el razonamiento. Sólo procesa un estímulo cada vez, lo que da lugar a metódicas secuencias de pensamiento. La parte izquierda del cerebro “se desconecta” cuando uno ve la televisión. El hemisferio derecho se ocupa de las imágenes, los colores, los ritmos y las emociones, y procesa la información emocionalmente, no críticamente. El cerebro izquierdo recoge el contenido de lo que alguien dice, mientras que le derecho admite el gesto no verbal, el tono de voz y la mirada.

Conscientes de estos argumentos y otros muchos, algunos padres han decidido prohibir la televisión por completo.

Si eres de esos padres que quiere que sus hijos vean tele, entonces dosifícala. Ten en mente que los niños no necesitan la televsión para entretenerse.

Escoge los programas que consideres aptos para tus hijos.

Establece el tiempo que consideres bueno para que tus hijos vean la televisión.

Considera el contenido de  los comerciales proyectados durante los programas que les dejes ver. Por lo general, los canales de caricaturas solo promueven otras caricaturas en esos cortes.

No importa si escoges DVDs o programas con elementos educativos, aplica las mismas reglas.

La televisión no debe estar en el cuarto del niño.

La televisión no puede estar prendida a la hora de la comida, desayuno o cena.

Si bien no podemos tener a nuestros hijos protegidos en una burbuja imaginaria, es importante conocer a lo que están expuestos en los medios electrónicos y televisivos, cuestionarlo y elegir qué, cómo y cuánto miraran.

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Fuente: Seldin, T. (2006) How to Raise an Amazing Child the Montessori Way. New York. DK Publishing.

http://vidasana.org/noticias-vidasana/tv-y-salud-por-una-infancia-en-libertad.html

 

¿Por qué mi hijo llora y gimotea tanto?

Utilicé la palabra “gimotea” porque es la traducción literal de la palabra en inglés “whine” y es justamente el concepto en el que quería profundizar.

Mi hijo de casi cuatro años lleva una racha de llorar y gimotear constantemente durante todo el día. Los primeros días se me hizo extraño, pero después de un mes, estoy harta y muy cansada.

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En algun momento pensé que se trataba de poca tolerancia a la frustración y en otros que quizá le decía NO demasiado. Me dí a la tarea de investigar y esto fue lo que encontré.

Al parecer este tipo de comportamiento es normal en niños pequeños, en especial en edades de uno a tres años. Cuando se convierte en un comportamiento excesivo o se extiende a las siguientes edades, los padres deben preguntarse qué lo está causando y cómo frenarlo.

Atención

Los niños utilizan el “gimoteo” y llanto para llamar la atención de sus padres. Antes de que un niño pueda comunicarse claramente, llorar es la única manera en que puede lograr que sus necesidades sean satisfechas. Este hábito puede durar más allá de los primeros tres años.

Frustración

Cuando un niño no obtiene lo que quiere o tiene algun problema, seguramente llorará por frustración. Recordemos que no han alcanzado el autocontrol del adulto.

Disciplina

Cuando tu hijo no obtenga lo que quiere o tenga algun problema y llore o gimote, recuérdale utilizar las palabras. Por ejemplo, podríamos decirle en calma y con voz pausada “en lugar de llorar porque quieres agua en lugar de leche, por qué no dices ´Mami, me das agua por favor?”. Expliquémosle que no podemos entenderle cuando llora. No cedas hasta que tu hijo se exprese sin llorar o gimotear. Cuando te pida algo o exprese su frustración sin llorar, reconócelo aunque sea algo que no le puedes conceder. Dile que te gustó la manera en que lo pidió.

Prevención

Adelantarnos a la situación que ocasiona llanto es otra manera de eliminar este comportamiento. Si tu hijo tiene entre 1 y 3 años respeta las horas de sueño y de comida porque factores como hambre y sueño pueden detonar estos episodios. En niños más grandes es recomendable evitar situaciones que ocasionen el comportamiento. Por ejemplo, si sabes que tu hijo va a querer cierta cosa y no se la puedes dar, escóndela. Si observas que se siente frustrado ante alguna situación, distrae su atención con otra actividad.

Ayuda

Si intentaste las tácticas de disciplina y prevención y tu hijo sigue llorando y gimoteando en exceso, busca ayuda con tu pediatra. Puede ser que este comportamiento indique algun problema médico, un desorden en el ánimo, un retraso en el habla, un problema de aprendizaje, entre otros.

Fuente consultada: http://www.livestrong.com/article/265421-why-does-my-child-cry-whine-all-the-time/

Terrores Nocturnos

La mayoría de los niños experimenta terrores nocturnos que por lo general desaparecen cuando crecen y no causan ningún daño a largo plazo.

Los terrores nocturnos son diferentes a las pesadillas.

Un niño que experimenta terror nocturno puede gritar, moverse agitadamente y no reconocerte mientras lo consuelas. Este fenómeno ocurre cuando salen de un ciclo de sueño profundo. Tu hijo no está totalmente despierto durante estos episodios y no recordará el evento a la mañana siguiente.

terror nocturnoLos terrores nocturnos son comunes en niños entre los tres y los ocho años. Usualmente estos niños gritan, se retuercen o mueven con pánico e incluso se bajan de la cama, tienen los ojos abiertos pero no están totalmente despiertos.

Los terrores nocturnos son más comunes en niños en cuyas familias existe un antecedente de terrores nocturnos o sonambulismo.

Un ataque de terror en la noche puede ser ocasionado por:

  • Cualquier cosa que aumente la cantidad de sueño profundo en el niño como cansancio, fiebre o algunos medicamentos.
  • Cualquier cosa que  haga que tu hijo se despierte de un sueño profundo como exitación, ansiedad o ruidos repentinos.

¿Qué hacer?

  1. Lo mejor que podemos hacer cuando se presenten estos episodios es mantener la calma, esperar a que pase asegurándonos de que el niño esté seguro.
  2. Un episodio de terror nocturno puede causar angustia a quien lo observa pero no causa ningun daño al niño. No debes intentar despertarlo. Puede ser que tu hijo no te reconozca y se altere aun más si tratas de consolarlo.
  3. Una vez que el episodio terminó, podrías despertarlo y, de ser necesario, alentarlo para que vaya al baño antes de volver a la cama.
  4. Si tu hijo regresa rápidamente al sueño profundo, quizá tenga otro episodio. Asegurarte que está totalmente despierto antes de volverse a dormir puede romper el ciclo.
  5. Tu hijo no recordará el episodio a la mañana siguiente pero sería bueno platicarlo con él para tratar de encontrar si existe algo que le preocupe o le cause ansiedad. Una rutina relajante antes de ir a la cama es de mucha ayuda.
  6. Si el terror nocturo es frecuente y ocurre a una hora específica cada noche, quizá despertarlo rompa el ciclo. Despierta a tu hijo 15 minutos antes de la hora en la que le suceden estos ataques cada noche, durante los siguientes 7 días. Esto puede ayudar a romper el patrón sin afectar la calidad del sueño.

 

Fuente consultada: http://www.nhs.uk/conditions/night-terrors

 

 

 

 

 

 

 

 

Cómo alentar una imagen corporal sana

Conforme la adolescencia se acerca, es común y natural que los niños muestren mayor interés por la apariencia (la propia y la del resto). En esta etapa ocurren grandes cambios y eso lleva a que sean más conscientes de cómo se ven y cómo los perciben los demás.

El desarrollo de una imagen corporal saludable se produce con el tiempo. Puede recibir la influencia de las experiencias y ser moldeada por las opiniones de los demás y los mensajes culturales.imagencorporal

La imagen corporal puede ser especialmente vulnerable durante los años de la preadolescencia y la adolescencia porque la apariencia cambia mucho y los mensajes culturales que exacerban la insatisfacción pueden ser muy fuertes. Recibir críticas o bromas sobre la apariencia puede ser especialmente dañino a esta edad.

Los preadolescentes y los adolescentes suelen comparar su apariencia con la de los demás o con las imágenes “perfectas”  que muestran algunos medios. Cuando el adolescente se compara con estas imágenes irreales, es muy común sentirse insatisfecho con alguna cuestión relacionada con la apariencia.

A medida que los adolescentes maduran mental y emocionalmente, desarrollan una imagen propia más compleja, que incorpora sus intereses, talentos, cualidades únicas, valores, aspiraciones y relaciones. Pero durante los primeros años de la adolescencia, la imagen que les devuelve el espejo constituye una gran parte de su imagen propia.

Mejorar la imagen corporal

Mientras los preadolescentes prueban diferentes estilos, los padres podemos ayudar dando nuestra aprobación y apoyándolos, transmitiendo mensajes positivos y fomentando otras cualidades que mantengan a la apariencia en su verdadera dimensión. No olvidemos:

  • Aceptar y comprender. Reconocer que la preocupación sobre la apariencia es una parte de la adolescencia, al igual que el cambio de voz y aprender a afeitarse. Por más frustrante que resulte que monopolicen el baño, tratemos de evitar criticar a los niños por preocuparse sobre la apariencia. A medida que crecen, la preocupación sobre la apariencia dejará de dominar su vida.
  • Hacer muchos elogios. Tranquiliza tu hijo sobre su apariencia y sobre todas las demás cualidades importantes. Aunque parezca que no lo notan o no les interesa, simples afirmaciones como “tu sonrisa es hermosa” o “esa camisa te queda bien”, sí les importan. Apreciar las cualidades y capacidades físicas ayuda a construir una imagen corporal saludable.
  • Hacer elogios también sobre su parte interior. Menciona abiertamente las cualidades personales que te encantan de tus hijos. Tranquilízalos cuando expresen inseguridad. Si escuchas “Odio mi cabello” o “Soy muy chaparra”, ofrece un contraargumento valioso.
  • Hablar sobre el significado de la apariencia.
  • Establecer límites razonables. Se paciente, pero también establece límites sobre la cantidad de tiempo que tus hijos pueden dedicar a arreglarse y vestirse.
  • Ser un buen modelo. La manera en que hablas de tu propia apariencia es un poderoso ejemplo. Quejarse o preocuparse constantemente por la apariencia enseña a los niños a tener la misma mirada crítica sobre ellos mismos. Casi todos estamos insatisfechos con ciertas cuestiones sobre nuestro aspecto, pero en su lugar, habla sobre lo que tu cuerpo puede hacer, no sobre cómo luce.

Tener una imagen corporal saludable y positiva significa sentir agrado por el propio cuerpo, valorarlo y estar agradecido por sus cualidades y capacidades. Cuando los padres cuidan y valoran su propio cuerpo, enseñan a sus hijos a hacer lo mismo.

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Extraído de: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/emociones/body_image_esp.html#

Cómo lidiar con los berrinches

Los berrinches son típicos entre los niños menores de tres años, aunque existen casos en que estos perduran en otras edades como una manera de obtener lo que quieren. Los niños generalmente harán un berrinche porque están muy cansados, irritables, hambrientos, enfermos o abrumados emocionalmente.  Conforme el niño crece, los berrinches podrán ser, también, una manera de poner a prueba límites o simplemente generar una reacción en el adulto.

Parece como si los niños escogieran los peores momentos para hacer un berrinche. Puede ser que estés conduciendo el auto, comiendo en un restaurante, comprando el super o en casa de amigos. La tendencia natural como padres es querer hacer algo de inmediato, que el berrinche pare porque nos sentimos avergonzados y estresados. En lugar de reaccionar de esa manera, deberíamos recordar que el berrinche significa algo, y que lo único que funciona es llegar al fondo de la causa y abordar las necesidades de nuestro hijo.

Tipos de berrinches

Existe una gran diferencia entre un berrinche en un niño que se encuentra cansado, hambriento o enfermo y aquel hecho por un niño que está enojado, frustrado y poniendo a prueba los límites. El primero, requiere determinar la causa, permanecer calmado y ayudar al niño con comida, descanso y consuelo.

El segundo tipo de berrinche es como cualquier lucha de poder. Se trata del intento de tu hijo de ejercer cierto control en alguna situación en la que se siente impotente. A través del berrinche, el niño está tratando de comunicarnos algo.  Hay que mantener la calma, no engancharse y tratar de descifrar el mensaje oculto. A veces los padres no escuchamos a nuestros hijos, y el berrinche puede ser la manera de pedir que nos detengamos y escuchemos lo que tienen que decir.

¿Cómo lidiar con los berrinches?

  • Algunos niños tienen dificultades con las transiciones y eso puede llevar a un berrinche. Por ejemplo, si estás en el parque, avísale a tu hijo, de manera anticipada, que tendrán que irse pronto. “Nos vamos a ir del parque en 10 minutos. ¿Te gustaría volverte a subir a la resbaladilla?”
  • Si tu hijo está poniendo a prueba los límites, mantente calmado y evita engancharte en sus argumentos. Habla con él en voz suave y dile que entiendes que esté enojado pero que la regla no se romperá. “Entiendo que te quieras quedar en el parque, pero tenemos que ir a casa a cenar”.
  • Si has estado hablando por mucho tiempo con alguien durante la comida o en el teléfono, asegúrate de darle mucha atención a tu hijo cuando termines.

Algunos tips para evitarlos

  • Pídele a alguien que cuide de tu hijo mientras vas al super, si has detectado que ahí hace berrinches de forma frecuente.
  • Explícale lo que hay planeado para el día y manten ese orden.
  • Explícale los límites. Si, por ejemplo, suele hacer berrinches en la tienda porque quiere algun juguete, aclárale antes de llegar a la tienda que no se lo vas a comprar.
  • Evita los golpes. Esta es la manera más segura de enseñarle a ser violento con otros.
  • No trates de contener físicamente a un niño en medio de un berrinche, a menos de que ponga en peligro su seguridad.
  • Evita recurrir  a premios o castigos. Cuando un niño está siendo irracional, estos recursos no funcionan y pueden agravar la situación.
  • Evita discutir. No se puede llegar a algo cuando la otra persona está bloqueada.
  • No avergüences a tu hijo o ridiculices su comportamiento.
  • Evita lidiar con un berrinche en público. Lleva a tu hijo a un lugar en donde puedan estar solos y hablar en privado.

Fuente: Seldin, T. (2006). How to Raise an Amazing Child, the Montessori Way. New York. DK Publishing.

¿Es normal que los niños pequeños peguen?

Si estás preocupado porque tu hijo de dos años muestra conductas agresivas, entonces esta información te será muy útil.
 
 
Hay dos momentos vitales en los cuales es absolutamente normal que aparezca alguna forma de agresividad ; estos son: entre los dos y los cuatro años de edad, teniendo su pico más alto en el período que va de los dos años y medio a los tres años y medio. 
 
¿Por qué los niños pegan entre los dos y los cuatro años?
En este período de la vida es muy difícil aceptar que el mundo sea “resistente”, o sea “que las cosas no sean como yo quiero que sean y en el momento que yo quiero”. El niño tiene muy baja (o casi ninguna) tolerancia a las frustraciones entonces se enoja cada vez que las cosas le ofrecen la más mínima dificultad. El niño no “tolera” que las cosas no sean como el desea. Y como a esta edad no hay un manejo del lenguaje como para que sea la herramienta fundamental de comunicación, el niño manifiesta el enojo pasando al acto, o sea, pegando, mordiendo, arañando, etc.  Algunos ejemplos de situaciones por las que el niño puede frustrarse y entonces pegar o patear el piso, tanto en el contexto del colegio, así como en el del hogar, pueden ser: el juguete que desea lo tiene otro niño, la mamá o el papá no le entendieron lo que dijo, la torre que construyó se le desarmó, el lápiz no pinta, etc.
 
¿Qué actitud tomar?
Primero que nada no alarmarse sino que entender este comportamiento como parte necesaria del proceso de crecimiento y parte fundamental del proceso de socialización.
Además de mantener una actitud calmada hay que  ayudar al niño a poner en palabras lo que le pasa. En todas las situaciones podemos decir nosotros lo que el niño no puede, por ejemplo “estás enojado, ¿verdad?”, “te enoja que la torre que construiste se haya caído” demostrándole que lo entendemos y poniéndole un espejo para que él mismo, empiece a comprender que ese malestar que siente se llama enojo. Al mismo tiempo debemos “normalizarle” ese sentimiento para así habilitárselo, diciendo por ejemplo, “yo también a veces me enojo o me pongo triste”.
Por último es conveniente que le enseñemos que se puede reaccionar diferente cuando algo sale mal y esto lo hacemos simplemente mostrándoselo. Tomando los ejemplos anteriores, podemos ayudarle a armar la torre de nuevo o decirle:”¿me lo puedes repetir?”. De ésta forma le estaremos enseñando al niño formas alternativas de reaccionar y así, de a poco, a tolerar mejor las frustraciones.
Lo esperable es que después de los cuatro años, junto con el desarrollo del lenguaje, “el pegar”, se vaya sustituyendo gradualmente por otras formas de reaccionar y que el lenguaje vaya transformándose en LA HERRAMIENTA para comunicarse.
 
¿Qué actitud no tomar?
Enojarse junto con el niño, gritar mientras el grita, frustrarnos los adultos también, porque el niño no responde como nosotros quisiéramos. Si actuamos así sistemáticamente, no le enseñaremos al niño formas alternativas de comportamiento, sino que le enseñaremos que la violencia es la única posibilidad.
Si no lográramos esto, porque somos seres humanos que no siempre podemos controlarnos, lo más conveniente es retirarnos unos segundos del lugar donde esté el niño, para respirar hondo e intentar calmarnos, volver y probar hacerlo mejor.
 
 
Otras circunstancias
Cuando un niño muestra agresividad en otros momentos de la infancia hay que revisar el contexto para ver que está sucediendo.
Es esperable que el niño reaccione con agresividad y/o con irritabilidad en momentos de cambio como pueden ser: mudanzas de casa o de escuela, separación de los padres, muerte de un familiar, incorporación de un miembro nuevo a la casa, nacimiento de un hermano, ausencia prolongada de alguien con quién el niño estaba en contacto frecuente, etc.
Si la agresividad del niño no coincide con las edades esperables para este comportamiento ni con los contextos esperables (situaciones de cambio) es conveniente consultar a un profesional que nos pueda aclarar la situación y orientar para resolverla.
 
 
Fuente: http://www.clinicapsinco.com.uy/articulos/es_normal_kids.htm

Montessori en Casa: La recámara del niño

La recámara de tu hijo, es el único lugar de la casa que realmente le pertenece. Aun cuando comparta este espacio con algún hermano, existen áreas que le pertenecen de forma exclusiva. Si quieres poner en práctica algunos de los principios Montessori, todo en la recámara de tus hijos debe de ser de su tamaño, es decir, que ello puedan obtener lo que desean sin tu ayuda.

Camas

Montessori recomendaba que desde bebés los niños durmieran en colchones en el suelo y así  poder bajar de la cama y moverse libremente una vez que el período de sueño haya terminado. Una muy buena idea es cubrir la cama con una colcha o edredón, en lugar de sábanas y cobijas,  ya que de esta forma le será mucho más fácil tenderla.

Vida Práctica

A los niños pequeños les facina ayudar en las labores de la casa.

Hacer la cama. Muéstrale como extender el edredón encima de la cama y colocar su almohada en el lugar correcto. Pídele que lo haga todos los días.

Guardar y doblar la ropa. Lo ideal es que el clóset sea de su tamaño, que el pueda colgar la ropa en el clóstet y sacar ropa de los cajones sin ninguna dificultad.  Poner una etiqueta con letra o dibujos del contenido del cajón, es una excelente manera de mostrarle lo que podrá encontrar en el interior.

Seleccionar y clasificar es una actividad natural en los niños. Una vez que la ropa de tu hijo esté lavada, ponla sobre su cama y pídele que la doble y la clasifique por tipo de ropa (calcetines, calzones, playeras, etc.), por colores o por texturas. Después pídele que acomode la ropa en el cajón correspondiente.

Sacudir. Dale un trapo a tu hijo y pídele que te ayude a sacudir los muebles que se encuentran en la recámara. Muéstrale cómo desaparece el polvo una vez que pasa el trapo por la superficie del mueble. Ten el trapo en un lugar visible y fijo, ya sea en la recámara o en la cocina, para que el pueda limpiar cuando quiera.

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Fuente: Britton, Lesley. (1992). Montessori Play and Learn: A Parents Guide to Purposeful Play From Two to Six. New York. Crown Publishers, Inc.

La Hora de Dormir: Un Hábito

El sueño es uno de  los hábitos que ayuda a que los niños crezcan fuertes y sanos. Los preescolares típicamente duermen aproximadamente de 10 a 12 horas durante cada período de 24 horas, pero no hay razón para ser rígido en cuanto a qué horas específicas deben tomar esas 10 ó 12 horas necesarias. En esta etapa, lo importante es ayudar a tu hijo a que desarrolle buenos hábitos para dormir.

Estableciendo una rutina para irse a la cama

Una rutina para irse a acostar es una buena manera de asegurar que su el niño duerma lo suficiente. Para establecer esta rutina:

  • Incluye un período de tranquilidad unos treinta minutos antes de la hora de dormir. Leer un cuento a tu hijo es muy recomendable.
  • Fija una hora específica para dormir, avisándole media hora antes y 10 minutos antes de la hora acordada.
  • Establece horas fijas para irse a acostar, levantase y tomar siestas.
  • Manten horas de juego y horas de comer consistentes.
  • Evita los estimulantes como la cafeína, cuando se aproxime la hora de dormir.
  • La habitación debe ser tranquila, acogedora y conductiva al sueño.
  • Utiliza la cama solamente para dormir— no para jugar o para ver la televisión.
  • Limita las comidas y bebidas antes de la hora de acostarse.
  • Permite que tu hijo(a) escoja con qué pijama quiere dormir, qué muñeco de peluche necesita llevarse a la cama, etc.
  • Puedes escuchar música lenta y agradable antes de dormir.
  • Acuesta a tu hijo de manera cariñosa para reafirmar una sensación de seguridad

Es muy importante evitar arrullar al niño en brazos, darle palmaditas o “ayudarle” a quedar dormido. Lo que queremos lograr es que el niño pueda dormirse solo.

Datos sobre las siestas

La mayoría de los preescolares todavía necesitan tomar siestas durante el día. Ellos(as) tienden a ser muy activos— corriendo por todas partes, jugando, yendo a la escuela y explorando sus alrededores— así que es una buena idea darles una oportunidad para que descansen y se tranquilicen. Incluso si tu hijo(a) no puede dormir, trata de reservar unos momentos tranquilos durante el día para que se relaje.

La mejor manera de influir para que tu niño(a) tome siestas es fijar una rutina, tal y como lo hace cuando es hora de dormir. Tu hijo, no queriendo perder nada de la acción, puede que se resista a dormir una siesta, pero es importante mantener la rutina firme y consistente. Explícale al niño(a) que este es un tiempo para estar tranquilo y que debe acostarse.

¿Cuánto deben durar las siestas? Deben durar tanto como creas que el niño necesita descansar. Generalmente, una hora es suficiente. Pero habrá otros momentos cuando tu hijo(a) no ha parado en todo el día y necesitará una siesta más larga.

Un niño que ha dormido bien y se encuentra descansado mostrará menos episodios de irritabilidad durante el día.

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Fuente: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/crecimiento/sleep_preschool_esp.html

Niño: “Terror del barrio”

Leímos este texto que encontramos en el libro “Disciplina con Amor” de Rosa Barocio y no pudimos resistir las ganas de compartirlo con todos ustedes.

Receta para formar un Terror del barrio:

Ingredientes: Niño fresco y tierno, de preferencia menor de 3 años. Padre o madre de temperamento colérico . Escuela autoritaria y represiva, o sin disciplina. T.V. y juegos de video agresivos. (Opcional) Clases de defensa personal.

Modo de educar:

A un niño como este es importante educarlo con mano dura. Es necesario explicarle desde pequeño que el mundo es de los fuertes. En ningún momento se le deben permitir demostraciones de debilidad o flaqueza, y debe saber que el llanto sólo es permitido a las mujeres. Deberá fomentársele todo tipo de competencias y hacerle saber que lo importante es ganar y que el fin justifica los medios. Los padres deberán aprovechar toda situación cotidiana para enseñarle a defenderse: a un mal modo de algún dependiente, un incidente automovilístico, son oportunidades invariables para enseñarle a intimidar a otros.

Es importante que desde pequeño se sienta el vencedor en riñas callejeras y escolares, por lo que, si es necesario, el padre o la madre podrán intervenir para asegurar la victoria. Si hay quejas del colegio o de los vecinos por su agresividad, siempre defiéndanlo diciendo que seguramente fue provocado y que él no tiene la culpa de ser tan fuerte y valiente. Asegúrese de que su hijo lo escucha y siente su apoyo incondicional. Explíquele después que los niños como él tienden a despertar envidias y enséñele a culpar siempre a los demás. No se sorprenda cuando dejen de invitarlo a las fiestas infantiles; su hijo seguramente es demasiado maduro para ellas. Si es necesario cambiarlo de escuela, véalo como motivo de orgullo, pues es demostración de su creciente poder.

Es indispensable que vea, en un mínimo de tres horas diarias, programas o caricaturas violentos. Recomendamos especialmente las japonesas y que las vea antes de dormir, para que las imágenes penetren mejor en su subconsciente. No se desanime si tiene pesadillas y no puede dormir. Con el tiempo se acostumbrará y dejarán de impresionarlo. Nunca lo retire de la habitación cuando vea con usted programas de adulto en la televisión pues esto ayudará a endurecerlo. Cuando sea posible acompáñelo al cine, especialmente si es después de las diez de la noche y la película es de clasificación C. El niño deberá acostumbrarse a todo. Observará que cada vez necesitará que las películas aumenten en violencia; ello es parte normal del proceso para insensibilizarlo al dolor de los demás.

Cuando se divierta con juegos de video, anímelo: “¡Muy bien, hijo, ya mataste a cinco, sólo te faltan dos!”. Cómprele todos los disfraces de guerreros y asegúrese de que juegue a diario con pistolas, ametralladoras y demás juguetes bélicos. Tapice las paredes de su recámara con carteles de monstruos y héroes de batallas, prefiriendo siempre los de colores oscuros y fosforescentes.

Apodos como Atila, El garras, o Destroyer, pueden ayudarlo a identificarse con su temeridad. Pronúncielos con énfasis y con mucho orgullo.

Contraindicaciones: Niños como éste pueden convertirse, de adultos, en psicópatas, asesinos o golpeadores de mujeres.

– Barocio, Rosa. “Disciplina con Amor. Cómo poner límites sin ahogarse en la culpa”. Pax México, 2004.

¡Mamá no quiero ir a la escuela! ¿Cómo apoyar el proceso de adaptación de mi hijo(a)?

Estos son los días más importantes para la adaptación de tu hijo(a) al colegio, sobre todo si esta es su primera experiencia lejos de casa. Recuerda que como todo, tu hijo(a) se encuentra en un proceso al cual deberás brindar tu apoyo constante y sobre todo paciencia. Te sugerimos algunos tips para que el proceso se lleve a cabo de la mejor manera.

  1. Tu hijo(a) podrá adaptarse fácilmente dependiendo en gran parte de la seguridad y confianza que tú le brindes durante las primeras semanas de su ingreso. Háblale con seguridad sobre su nuevo proceso y haz que sienta tu apoyo constante.
  2. Mantén una actitud positiva y ten Fe en tu hijo(a). Recuerda que siempre recurre a ti para adquirir confianza. Para cualquier cosa que emprenda, inclusive este “primer día de clases” necesita que tengas la certidumbre de que él (ella) es capaz de hacerlo
  3. Se firme y comprensivo. Tu constancia le dará seguridad.
  4. Muéstrale interés por el hecho de venir al colegio
  5. Planea bien tus mañanas y despiértalo con tiempo suficiente para que se pueda preparar con calma y sin estrés
  6. El desayuno es una parte importante de su día, sobre todo el desayuno que se come con calma. Recuerda que tu estrés y apuro alteran a tu hijo(a) lo que puede provocar ansiedad y nerviosismo
  7. Si observas que se resiste ir al colegio, presta atención en sus actitudes. Puede ser un malestar físico, una reacción nerviosa o incluso un chantaje emocional. Lo mejor es observarlo atentamente y dejarlo descansar sin amenazas ni castigos.

Recuerda que el Colegio puede ser la mejor experiencia si mamá y papá se involucran activamente con sus hijos.

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